viernes, 28 de octubre de 2016

SANTA ANA


Imagen.- Santa Anta enseñando a leer a la Virgen María, Niña
Autor.- José Montes de Oca.
Fecha.- Hacía 1740
Material.- Madera Policromada.
Lugar de Culto.- Iglesia Colegiata del Divino Salvador de Sevilla.

     Tanto en la Genealogía de Mateo y de Lucas, nada nos dicen sobre los padres de la Santísima Virgen María, ni su nombre, ni de sus antepasados. Son los Evangelios Apocrifos, aquellos que no fueron aceptados por la Iglesia como autenticos y la misma tradición de la Iglesia la que nos da el nombre de la Madre de María: Ana. Una mujer, que como Sara, la esposa de Abraham, o Isabel, va a concebir en su vejez y dar a luz a la Niña Virgen. Ana es una mujer profundamente religiosa que educará a su Hija en la fe de su pueblo. 

     José Montes de Oca nace en el año 1668. pertenece a la escuela sevillana, aunque durante muchos siglos su figura quedo eclipsada por otros grandes autores sevillanos de la misma época, su producción es casi, en su totalidad, religiosa. De niño sufre la desaparición de la figura paterna, el padre embarca hacía las Indias, pero la familia nunca más tuvo noticias de él. Realizando numerosas dolorosas e imágenes de Pasión. Que se veneran no sólo en la capital hispalense, sino también en su provincia. Fallece en el año 1754, en la Calle Francos de Sevilla, con una situación económica poco halagüeña. Durante muchos siglos su figura no fue tenida en cuenta, hasta que fue revalorizada en la decada de los años ochenta del siglo XX

      La imagen de Santa Ana enseñando a la Virgen María se encuentra en un retablo que recibe el nombre de la madre de la Virgen en la Nave del Evangelio de la Iglesia Colegiata del Salvador de la ciudad de Sevilla, próximo a la Capilla Sacramental de esta iglesia, donde se veneran las imágenes de la Hermandad de Nuestsro Padre Jesús de la Pasión.

       El autor nos presenta una escena llena de intimidad, que comenzo a ser representada, con gran éxito en el siglo XVI, a pesar de tener retractores: Santa Ana enseña a leer a su hija María. El mismo autor hizo a parte de esta otra composición igual, que se encuentra en la localidad sevillana de Moron de la Frontera.

         Considerada como la mejor obra del Tardobarroco sevillano, se trata de una imagen de bulto, escúlpidas las dos imágenes en piezas separadas y unidas sobre una peana, que, según investigaciones recientes, fue ejecutada mucho después de la conclusión de la obra. Formada por dos figuras: Santa Ana, sentada sobre una silla, y la Virgen María, una niña, que se encuentra de pie al lado de su madre.


        Santa Ana, se nos presenta sentada sobre una silla, en cuya parte posterior, en una reciente restauración se ha encontrado una inscripción. Una mujer madura, con el rostro contrariado, preocupado o demasiado serio, la boca cerrada, mientras la mirada aparece caída mirando el libro que tiene en su mano izquierda, mientras con la derecha toma por el brazo a su hija. Los ojos abiertos, la boca cerrada, da el carácter anteriormente descrito a la madre de la Santa. Dos arrugas pueblan su frente, pliegues de carne en su cara, nos hacen ver en ella, la mujer anciana que el autor y la tradición cristiana nos han transmitido, a lo largo de la historia Vestida con una túnica de color granate, largo hasta los pies, que aparecen cubiertos por este, dejando solo ver un zapato de la santa, las mangas largas. cubierta con un manto de color azul oscuro, puesto sobre los hombros, la cabeza cubierta con un velo de color blanco que cae sobre los hombros, ocultando un trozo del manto. Pelo largo, peinado en el centro con una ralla, enmarcando el rostro de la madre con dos mechones y cubierta la mayor parte de la cabellera por el velo, anteriormente citado. Para dar más realismo a la imagen, en sus orejas se han puesto unos pendientes de plata y se ha coronado con una diadema de estrellas, en cuyo centro hay una cruz del mismo material.


      A su lado, de pie, María, una Niña, que con su actitud, llena de modestia, sigue las lecciones que su madre le da, sobre el libro abierto, que es el nexo de unión de la Madre y la Hija en esta imagen de la Iglesia del Salvador de Sevilla.

      María es representada como una Niña, de unos seis o siete años. con la mirada caída sobre el libro que sostiene en sus manos Ana, los ojos osucuros, las cejas bien perfiladas y la boca cerrada, El rostro de la Santísima Virgen María nos transmite, no sólo la intimidad que rodea toda la escena, sino al mismo tiempo, sino un retrato intelectual del interior de esta niña nazarena, una niña atenta a lo que su madre está señalando. La Niña tiene el cabello largo de color castaño, peinado en medio con una ralla, que hace caer en la parte posterior de la cabeza y peinado en un moño. Como ocurre en el caso de la Madre, los fieles han querido poner en las orejas de la niña dos pendientes de plata y coronarla con una corona y un resplandor acabado en estrellas del mismo material que los salzillos que adornan sus orejas.

       La mano izquierda de la Niña María señala algo en el libro, mientras la izquierda apoyada sobre el pecho de la Virgen, nos recuerda su humildad, su sencillez. Viste un vstido o túnica largo que la oculta casi los pies, en el pie derecho podemos ver los dedos que nos muestra unas humildes sandalias, ocultas por el largo de la túnica. Un pequeño manto que descansa sobre sus brazos y su extiende por su espalda completa el vestido de esta imagen mariana.


     La gama cromática usada en esta imagen nos recuerda, en la Virgen María, el dogma de su Inmaculada Concepción: la túnica cenizienta o blanco grisaceo y el azul del manto, nos recuerda los colores que se han usado para definir este dogma mariano. Se trata de una túnica que tiene pintados en ella flores y acabada en una franja dorada, mientras su manto es de un color azul oscuro, tambien franjeada por una linea dorada y con adornos de ramas doradas. Mientras, en la madre, los colores usados son el ocre, con adornos realizados en tonos más oscuros y el manoto de un azul más claro que el de la hija, peor con adornos de flores y hojas, diferenciando en los colores a la madre y a la niña.

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