viernes, 9 de octubre de 2015

SALOME CON LA CABEZA DE SAN JUAN


Imagen.- Salomé con la Cabeza de San Juan Bautista
Autor.- Bernardo Luini
Técnica.- Óleo sobre tela.
Lugar donde se conserva.- Museo de las Bellas Artes de Boston (Estados Unidos)

     El Rey Herodes mantenia una relación con Herodías, la esposa de su hermano Filipos. Juan, en el Río Jordán, en su predicación, había censurado esta relación. Herodías obliga al monarca judío a detener al Profeta del Jordan. Durante una fiesta, Herodías hace bailar a su hija Salomé ante los invitados del Rey, todos, según los relatos evangélicos de Mateo y Marcos; quedan prendados de aquella muchacha y admirados por su baile. El monarca ofrece a la princesa cualquier regalo, y esta incitada por su madre pide la cabeza de Juan. Herodes, muy a su pesar, ordena la decapitación del Profeta del Jordan, como nos transmiten estos dos evangelistas y San Lucas. Ninguno nos da el nombre de la princesa. Es el historiador romano del siglo I Flavio Josefo quien nos da a conocer el nombre de aquella mujer: Salomé. Otras fuentes que nos hablan de Salomé es el Codex Sinopensis, un evangelio del siglo IV el que nos da nuevos detalles de la fiesta de Herodes.

     A lo largo de la historia, sobre todo a partir del siglo XI, muchos artistas se han inspirado en esta historia para plasmarla en sus obras, encontrando en pintura, escultura, libros e incluso en la opera, la escena del sexual baile de Salomé y la posterior muerte de Juan el Bautista.

      En este cuadro ejecutado en el siglo XVI en Italia, nos presenta, en primer termino que sostiene en su mano derecha una bandeja de plata, sobre la que el verdugo coloca, aún, empuñando su espada; la cabeza de San Juan Bautista.

        El autor de esta obra es Bernardo Luini, pintor italiano de la escuela de Leonardo Da Vinci, con el cual se confunden algunas de las obras del discípulo. En este, Salomé con la Cabeza de San Juan, Bernardo, a pesar de sostener la bandeja de plata, donde descansará la cabeza de San Juan, la aparta, vuelve la mirada al verdugo, incluso no mira fijamente, sino que mira, un poco apesadumbrada, encontrando en sus ojos, una de las características, de este pintor italiano: los ojos ligeramente estrábiscos, lo que ha dio, en la historia del arte, en conocerse como "luinescos". Salomé, es presentada como una joven de la alta sociedad de su tiempo, vestida con un vestido, de amplio escote, que llama la antención del espectador por su color verde y naranja, colores vivos, que se confrontan con el pálido tono de la cabeza de San Juan, que a pesar del martirio no ofrece signo de dolor en su rostro, más bien nos transmite una gran paz. El autor completa su obra con un rico collar y una rica diadema que nos recuerda la realeza de la princesa Salomé. 

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