miércoles, 21 de octubre de 2015

SAN GREGORIO MAGNO - GOYA


Imagen.- San Gregorio Magno.
Autor.- Francisco de Goya y Lucientes.
Fecha.- 1.795 - 1.799 
Técnica.- Oleo sobre Lienzo
Lugar donde se encuentra.- Museo Romántico de Madrid (España)

      Entre 1.796 y 1.799, Francisco de Goya va a pintar cuatro grandes cuadros, en los que representa a los cuatro Grandes Padres de la Iglesia Católica: San Agustín de Hipona, San Gregorio Magno, San Ambrosio de Milan y San Jeronimo de Estridon. Goya vive en esa época, podríamos decirlo su mayor esplendor artístico, es disputado por las casas de la aristocracía española del momento para pintar retratos de sus miembros: Los Alba, los Chinchón, La Casa Real, incluso artistas y toreros posan para los lienzos del aragones, pero sin olvidar su pintura religiosa, a la que pertenece los frescos de la Iglesia de San Antonio de la Florida de Madrid, y una de las grandes obras comenzadas en esta época: La serie de los Caprichos, llenos de sombras, de apariciones, en las que crítica el pensamiento de su época.

       No sé sabe quien encargo esta serie de los Santos Grandes Padres de la Iglesia. Para algunos autores este pudo ser pintado durante la estancia de Goya en la ciudad de Sevilla, ya que en este cuadro se puede apreciar una gran influencia de Murillo. Lo cierto es que en las primera mitad del siglo XIX, la serie se fragmenta y los cuadros son destinados a distintas pinacotecas o museos. 

       Goya nos presenta a San Gregorio sobre un fondo neutro, casi en penumbra, que permite destacar la figura del Santo. Un fondo, en el que no aparecen los símbolos hagiográficos con los que la tradicción pictórica ha querido representar a este Santo. Lo que nos permite fijar la atención en el protagonista del lienzo, realzando, al mismo tiempo el valor escultórico de la imagen.

       San Gregorio aparece sentado, en una posición casi lateral, un grueso libro sobre sus rodillas, en el que está escribiendo con una pluma, Vistiendo una amplia y pomposa capa pluvial, En su capeza, la tiara papal. Los ropajes blancos y ricamente ornados con dorados destacan sobre el fondo neutro, del que hablabamos anteriormente, destacando en ellas ricos matices de luz, que Goya ha querido concentrar en esta parte de la figura, pinceladas, casi impresionistas, rápidas, aplicando toques de color que conforman los bordados de la capa pluvial, la tiara y el bordado de los zapatos del mismo, donde Goya pinta una cruz roja, simbolo del Pontifice. 

      Goya fija toda la luz en el rostro de San Gregorio, que marca el centro de la composición piramidal del retrato, nos presenta toda la personalidad del Papa, a traves de su gesto, de su mirada, concentrada en la escritura, sobre el libro las manos fuertemente cerradas. Mientras continua la escritura de su obra. 

martes, 20 de octubre de 2015

LAS LÁGRIMAS DE SAN PEDRO


Imagen.- Las Lágrimas de San Pedro.
Autor.- Francisco de Gómara
Fecha.- 1.909
Técnica.- Talla de Madera Policromada.
Lugar de Culto.- Iglesia de San Francisco de la ciudad de Astorga (León - España)

      La noche de Jueves Santo, del primer Jueves Santo, se vivieron en aquella ciudad de Jerusalén momentos amargos para todos aquellos que rodeaban a Jesús de Nazareth. Uno de aquellos hombres, Pedro, vivió un momento duro, por tres veces negó conocer a su Maestro, pero dice el Evangelio, que una mirada de este lo desarmo, hasta el punto de llorar. A lo largo de la historia, muchos autores han querido plasmar en sus obras este momento de la Pasión de Cristo, el Amigo, se da cuenta de lo que ha hecho y arrepentido llora.

        A comienzos del siglo XX, la ciudad de Astorga quiere dar un nuevo impulso a sus semana santa, se crean en ese periodo nuevas cofradías de penitnecia, y se reorganizan otras, que habían pasado o estaban pasando un dificil momento, el caso de la Cofradía de la Vera Cruz, en el Año 1.909 la Hermandad de la Vera Cruz comienza a organizar una nueva procesión en esta ciudad castellana: la de los Pasos que se celebrara en la Tarde del Jueves Santo, por lo que se deciden adquirir nuevos pasos, para ello acuden a distintos imagineros: en Barcelona a Francisco P. Gomara y al valenciano José Romero. Una idea tiene clara aquella junta y es dotar la procesión de ese día con una imagen que hasta entonces no existía y que sí exisite en otras semanas santas castellanoleonesas. Las Lágrimas o el Arrepentimiento de San Pedro. Para completar, como ya hemos dicho, el relato evangélico, con escenas y los personajes que participaron en la Pasión del Señor.

       La imagen de San Pedro es de madera policromada, realizado en 1.909 por Francisco P de Gómara y que saldría el Jueves Santo de aquel año o el de 1.910 por primera vez a las calles de Astorga, acompañando a los pasos de la Oración del Huerto, la Cruz Verde, y el Prendimiento, estuvo desfilando este día, hasta el año 1.963, cuando la Procesión de los Pasos desaparece de la semana santa. Incorporandose el paso a la Procesión del Santo Entierro en la noche del Viernes Santo.

         San Pedro aparece genuflexionado, con la rodilla izquierda apoyada en la tierra, mientras que el píe derecho pisa el suelo y dobla la rodilla de esta pierna. Las manos cruzadas, unidas en el pecho, transmitiendo un gran dolor, en una de las manos, las llaves que le fueron entregadas por Jesús, junto al lago de Galilea y que nos recuerdan la primacía de este apóstol, sobre el resto de sus compañeros. La cabeza alzada al cielo, donde se pierde una mirada, llena de arrepentimiento, llena de dolor, la boca entreabierta, como alzando al cielo una petición, transmitiendo el dolor que el autor ha querido que la persona que se parada ante ella sintiera en esa Noche de Pedro.

viernes, 9 de octubre de 2015

SALOME CON LA CABEZA DE SAN JUAN


Imagen.- Salomé con la Cabeza de San Juan Bautista
Autor.- Bernardo Luini
Técnica.- Óleo sobre tela.
Lugar donde se conserva.- Museo de las Bellas Artes de Boston (Estados Unidos)

     El Rey Herodes mantenia una relación con Herodías, la esposa de su hermano Filipos. Juan, en el Río Jordán, en su predicación, había censurado esta relación. Herodías obliga al monarca judío a detener al Profeta del Jordan. Durante una fiesta, Herodías hace bailar a su hija Salomé ante los invitados del Rey, todos, según los relatos evangélicos de Mateo y Marcos; quedan prendados de aquella muchacha y admirados por su baile. El monarca ofrece a la princesa cualquier regalo, y esta incitada por su madre pide la cabeza de Juan. Herodes, muy a su pesar, ordena la decapitación del Profeta del Jordan, como nos transmiten estos dos evangelistas y San Lucas. Ninguno nos da el nombre de la princesa. Es el historiador romano del siglo I Flavio Josefo quien nos da a conocer el nombre de aquella mujer: Salomé. Otras fuentes que nos hablan de Salomé es el Codex Sinopensis, un evangelio del siglo IV el que nos da nuevos detalles de la fiesta de Herodes.

     A lo largo de la historia, sobre todo a partir del siglo XI, muchos artistas se han inspirado en esta historia para plasmarla en sus obras, encontrando en pintura, escultura, libros e incluso en la opera, la escena del sexual baile de Salomé y la posterior muerte de Juan el Bautista.

      En este cuadro ejecutado en el siglo XVI en Italia, nos presenta, en primer termino que sostiene en su mano derecha una bandeja de plata, sobre la que el verdugo coloca, aún, empuñando su espada; la cabeza de San Juan Bautista.

        El autor de esta obra es Bernardo Luini, pintor italiano de la escuela de Leonardo Da Vinci, con el cual se confunden algunas de las obras del discípulo. En este, Salomé con la Cabeza de San Juan, Bernardo, a pesar de sostener la bandeja de plata, donde descansará la cabeza de San Juan, la aparta, vuelve la mirada al verdugo, incluso no mira fijamente, sino que mira, un poco apesadumbrada, encontrando en sus ojos, una de las características, de este pintor italiano: los ojos ligeramente estrábiscos, lo que ha dio, en la historia del arte, en conocerse como "luinescos". Salomé, es presentada como una joven de la alta sociedad de su tiempo, vestida con un vestido, de amplio escote, que llama la antención del espectador por su color verde y naranja, colores vivos, que se confrontan con el pálido tono de la cabeza de San Juan, que a pesar del martirio no ofrece signo de dolor en su rostro, más bien nos transmite una gran paz. El autor completa su obra con un rico collar y una rica diadema que nos recuerda la realeza de la princesa Salomé.