sábado, 16 de mayo de 2015

LA MUERTE DE SAN FRANCISCO JAVIER.


Imagen.- Muerte de San Francisco Javier.
Autor.- Atribuida a Ignacio Vergara.
Fecha.- Siglo XVIII
Lugar.- Sobre el Altar de la Capilla de la Virgen del Puig de la Catedral de Valencia.

      San Francisco Javier fue uno de los primeros compañeros de San Ignacio de Loyola en la Congregación de los Jesuitas. Es conocido como el Apostol de las Indias, pues allí pasó la mayor parte de su vida misionera. En 1.552, Francisco va a iniciar un nuevo viaje, pero contrae una pulmonía, que va a interrumpir sus planes misioneros. Francisco siente una gran debilidad, el 21 de noviembre de ese año, mientras esta celebrando la Santa Misa se desmaya. Aumenta la fiebre, los vómitos, la angustia. Se refugia en una humilde cabaña en la playa de Sacian, sin más compañia que un fiel compañero chino, llamado Antonio. Allí Javier espera la muerte. En el amanecer del 3 de diciembre de ese año, Francisco Javier entrega su espíritu, fallece. 

          Siguiendo las directrices marcadas por el Concilio de Trento pra frenar el avance ideológico del luteranismo, la iglesia se convierte en mecenas de numerosos artistas, se relaizan grandes obras de arte para los templos católicos, tanto en la escúltora como en la pintura, sobre todo en la primera se intenta realzar características que prendan en el corazón de los fieles, así comienzan a realizarse obras cuya temática va a ser la muerte de los santos, muertes que invitan a aceptar a los fieles su propia muerte como un encuentro con el Señor. surge en la italia Barroca y se entiende la muerte como un extasis de unión del Santo o la Santa con el Señor. 

          Siguiendo este concepto artístico el autor nos presenta el momento de la muerte de Francisco Javier, como si el autor estuviera viviendo un extasis, nos transmite el gozo del Santo ante la inminente llegada de la muerte. Francisco aparece recostado asobre un saco o humilde camastro, una mano sobre el pecho, junto con la otra abrazando la Cruz, símbolo de su labor misionera, el rostro mirando al cielo, la mirada perdida, Deseando pasar el trance para llegar a la Patria Prometida, el autor logra gran movimiento, con la postura de las piernas, con el propio cuerpo del Santo, transmitiendo la creyente un gran ansia en el momento de óbito de San Francisco Javier. 

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