sábado, 23 de septiembre de 2017

SAN JUAN EVANGELISTA.


Imagen..- San Juan Evangelista
Autor.- Juan Martínez Montañes.
Fecha,- Realizada hacía 1638
Técnica.- Madera Policromada.
Lugar donde se encuentra.- Museo Nacional de Escultura
Valladolid. España

           Una imagen concebida para la ciudad de Sevilla, que recibió culto durante más de docientos treinta años en la capital hispalense y que acabo, por esos caprichos de la historia en la ciudad de Valladolid, en su Museo Nacional de Escultura.

      Juan es hijo de Zebedeo y hermano de Santiago. Trabajaba como pescador en el Mar de Tiberiades, donde conoce a Jesús, un día mientras estaba pescando, ante la llamada del Señor, deja las redes y le sigue. Es el discípulo más joven de los doce, el más amado por Jesús. Junto a su hermano Santiago y Pedro, estará presente en algunos de los momentos más importantes de la vida de su Maestro: la transfiguración, una resurrección. En la Última Cena, celebrada la noche anterior a la Pasión, sabemos que Juan estaba recostado sobre el pecho de Jesús, siendo uno de los tres que serán testigos de la Agonía del Señor en Getsemaní y será el único que permanezca fiel al Señor al lado de la Cruz, donde recibirá el encargo de cuidar de María, la Madre de Jesús. El Domingo de Pascua, será uno de los primeros testigos de la Resurrección, pues acudirá junto a Pedro al Sepulcro, tras el anuncio de María Magdalena. Tras Pentecostes, Juan con María, se trasladan a Éfeso, donde permanecerán hasta la muerte de la Virgen. Sufrió la persecución de Dominiciano, aunque no perecerá en ella. Según la tradicción de la Iglesia: Juan escribirá el Evangelio que lleva su nombre, el libro del Apocalipsis y una carta, todos ellos recogidos en los cánones del Nuevo Testamento. Es representado junto a un águila, como símbolo de la espiritualidad que nos transmiten su Evangelio.,

       Juan Martínez Montañes es, sin duda, uno de los escúltores más importantes de la Escuela Barroca de Sevilla. Nacido en Alcalá la Real en 1.568. En la ciudad de Granada, entra en el taller de Pablo de Rojas, que abandonará para instalarse en Sevilla, donde proseguirá su aprendizaje, entrando en contacto con Gaspar Núñez Delgado, Andrés de Ocampo o Jerónimo Hernández. Probablemente en 1588 pone en marcha la Escuela Andaluza de Escúltura, totalmente diferenciada de la Castellana, Montañes pone el arte al servicio de la Iglesia, y en sus imágenes quiere que el devoto que a ellas se acerca encuentre un halo de paz. La mayor parte de su producción, son obras religiosas, ejecutadas por encargo de la la Iglesia. 

        En el siglo XVII surge, con fuerza, en los Conventos de Sevilla, la representación iconográfica de las figuras de San Juan Evangelista y San Juan Bautista, confundiendo en muchas ocasiones a uno con el otro, confusión que llega hasta nuestros días. El Monasterio de Santa María de la Pasión, de la ciudad de Sevilla; encarga a Martínez Montañes la ejecución, hacía el año 1638, de una imagen del Evangelista, para un retablo que se encontraba en el interior de la misma, un pequeño retablo, que ocupo esta imagen, que fue encargada por Luis Villegas y que costó 580 ducados. El Retablo estaba completado por una serie de tablas, pintadas por Francisco Varela. En 1868 con la desamortización de Mendizabal, el Convento de Santa María sufre el expolio de varias obras de arte, entre ellas, se desmonta el retablo de San Juan, las tablas pasan al Museo de Bellas Artes de Sevilla, donde permanecen en la actualidad, y el San Juan desaparece. En el año 1925, el Conde de Güell realiza un catalogo de las obras de arte que tiene su colección, en este catalogo reaparece la imagen de San Juan Evangelista, que es adquirida, finalmente, por el Museo Nacional de Escúltura de Valladolid, en el año 1985, cuando los herederos del Conde de Güell pusieron la escultura a la venta, y fue adquirida por el Estado Español, que la deposita en este Museo de Valladolid, donde permanece en la actualidad.


      Imagen de bulto, de tamaño algo inferior al natural, realizada en la época madura del escultor sevillano, cuando contaba setenta años, probablemente se trata de una de las últimas obras salidas de las manos de Montañes. El Apóstol se nos presenta como un hombre anciano, casi al final de su vida, sentado y escribiendo el Evangelio que lleva su nombre, aunque el pliego que tiene entre sus manos, encontramos una cita del libro del Apocalipsis. Junto a él, su símbolo el aguila alada.

      San Juan se ecuentra sentado sobre una piedra o roca, en un momento de inspiración, de extasis, al cielo alza la mirada emocionada, de donde le viene la Palabra que transcribe en su Evangelio. El pie izquierdo se posa sobre una piedra más elevada que el derecho. Transmitiendo una gran elegancia en la figura.


       En el rostro de San Juan podemos ver la mano de Martínez Montañes. Nos encontramos con un hombre adulto, anciano, que tiene unos grandes ojos, y una nariz proporcionada, la boca entreabierta, pudiéndose ver los dientes de la misma, el cabello y la barba tallada en detalle, dejándonos ver los mechones que componen su cabeza y su barba, que cae hasta los hombros, detalle en los músculos que forman el cuello del Santo, así como la gran definición de los pómulos de su rostro y sus orejas.  La mirada extasiada se alza al cielo, de donde viene la inspiración, que el Santo transcribe en el libro que tiene entre sus manos. Mirada llena de oración, de conversación con aquel que le está transmitiendo la Verdad del Evangelio.



      Como hemos indicado en este artículo, el santo se encuentra en un momento de inspiración, en su mano izquierda sujeta un pliego, que apoya sobre su rodilla, su mano derecha la encontramos en actitud de escribir, aunque ha desaparecido la pluma que probablemente tuviera la imagen. Nos encotnramos con unas manos perfectamente escúlpidas, donde encontramos el sello de su autor: Dedos alargados, venas y tendones, musculos. Viste una túnica de mangas largas, que en el cuello nos presenta pliegues triangulares. Sobre el hombro izquierdo se sujeta el manto de color rojo, con adorno de hojarasca y flores, que nos permite ver un revés verda y que se pliega sobre las rodillas del Santo, dejándonos ver toda la fuerza del barroco en sus voladuras.Los pies del santo descansan sobre unas rocas, teniendo la pierna izquierda más alzada que la derecha, sobre la que se apoya el pliego con el versículo del Apocalipsis, que permite al santo su escritura. A su lado, como dijimos al principio de este artículo: Un aguila, con las alas abiertas y la cabeza vuelta hacía el Santo.

viernes, 28 de octubre de 2016

SANTA ANA


Imagen.- Santa Anta enseñando a leer a la Virgen María, Niña
Autor.- José Montes de Oca.
Fecha.- Hacía 1740
Material.- Madera Policromada.
Lugar de Culto.- Iglesia Colegiata del Divino Salvador de Sevilla.

     Tanto en la Genealogía de Mateo y de Lucas, nada nos dicen sobre los padres de la Santísima Virgen María, ni su nombre, ni de sus antepasados. Son los Evangelios Apocrifos, aquellos que no fueron aceptados por la Iglesia como autenticos y la misma tradición de la Iglesia la que nos da el nombre de la Madre de María: Ana. Una mujer, que como Sara, la esposa de Abraham, o Isabel, va a concebir en su vejez y dar a luz a la Niña Virgen. Ana es una mujer profundamente religiosa que educará a su Hija en la fe de su pueblo. 

     José Montes de Oca nace en el año 1668. pertenece a la escuela sevillana, aunque durante muchos siglos su figura quedo eclipsada por otros grandes autores sevillanos de la misma época, su producción es casi, en su totalidad, religiosa. De niño sufre la desaparición de la figura paterna, el padre embarca hacía las Indias, pero la familia nunca más tuvo noticias de él. Realizando numerosas dolorosas e imágenes de Pasión. Que se veneran no sólo en la capital hispalense, sino también en su provincia. Fallece en el año 1754, en la Calle Francos de Sevilla, con una situación económica poco halagüeña. Durante muchos siglos su figura no fue tenida en cuenta, hasta que fue revalorizada en la decada de los años ochenta del siglo XX

      La imagen de Santa Ana enseñando a la Virgen María se encuentra en un retablo que recibe el nombre de la madre de la Virgen en la Nave del Evangelio de la Iglesia Colegiata del Salvador de la ciudad de Sevilla, próximo a la Capilla Sacramental de esta iglesia, donde se veneran las imágenes de la Hermandad de Nuestsro Padre Jesús de la Pasión.

       El autor nos presenta una escena llena de intimidad, que comenzo a ser representada, con gran éxito en el siglo XVI, a pesar de tener retractores: Santa Ana enseña a leer a su hija María. El mismo autor hizo a parte de esta otra composición igual, que se encuentra en la localidad sevillana de Moron de la Frontera.

         Considerada como la mejor obra del Tardobarroco sevillano, se trata de una imagen de bulto, escúlpidas las dos imágenes en piezas separadas y unidas sobre una peana, que, según investigaciones recientes, fue ejecutada mucho después de la conclusión de la obra. Formada por dos figuras: Santa Ana, sentada sobre una silla, y la Virgen María, una niña, que se encuentra de pie al lado de su madre.


        Santa Ana, se nos presenta sentada sobre una silla, en cuya parte posterior, en una reciente restauración se ha encontrado una inscripción. Una mujer madura, con el rostro contrariado, preocupado o demasiado serio, la boca cerrada, mientras la mirada aparece caída mirando el libro que tiene en su mano izquierda, mientras con la derecha toma por el brazo a su hija. Los ojos abiertos, la boca cerrada, da el carácter anteriormente descrito a la madre de la Santa. Dos arrugas pueblan su frente, pliegues de carne en su cara, nos hacen ver en ella, la mujer anciana que el autor y la tradición cristiana nos han transmitido, a lo largo de la historia Vestida con una túnica de color granate, largo hasta los pies, que aparecen cubiertos por este, dejando solo ver un zapato de la santa, las mangas largas. cubierta con un manto de color azul oscuro, puesto sobre los hombros, la cabeza cubierta con un velo de color blanco que cae sobre los hombros, ocultando un trozo del manto. Pelo largo, peinado en el centro con una ralla, enmarcando el rostro de la madre con dos mechones y cubierta la mayor parte de la cabellera por el velo, anteriormente citado. Para dar más realismo a la imagen, en sus orejas se han puesto unos pendientes de plata y se ha coronado con una diadema de estrellas, en cuyo centro hay una cruz del mismo material.


      A su lado, de pie, María, una Niña, que con su actitud, llena de modestia, sigue las lecciones que su madre le da, sobre el libro abierto, que es el nexo de unión de la Madre y la Hija en esta imagen de la Iglesia del Salvador de Sevilla.

      María es representada como una Niña, de unos seis o siete años. con la mirada caída sobre el libro que sostiene en sus manos Ana, los ojos osucuros, las cejas bien perfiladas y la boca cerrada, El rostro de la Santísima Virgen María nos transmite, no sólo la intimidad que rodea toda la escena, sino al mismo tiempo, sino un retrato intelectual del interior de esta niña nazarena, una niña atenta a lo que su madre está señalando. La Niña tiene el cabello largo de color castaño, peinado en medio con una ralla, que hace caer en la parte posterior de la cabeza y peinado en un moño. Como ocurre en el caso de la Madre, los fieles han querido poner en las orejas de la niña dos pendientes de plata y coronarla con una corona y un resplandor acabado en estrellas del mismo material que los salzillos que adornan sus orejas.

       La mano izquierda de la Niña María señala algo en el libro, mientras la izquierda apoyada sobre el pecho de la Virgen, nos recuerda su humildad, su sencillez. Viste un vstido o túnica largo que la oculta casi los pies, en el pie derecho podemos ver los dedos que nos muestra unas humildes sandalias, ocultas por el largo de la túnica. Un pequeño manto que descansa sobre sus brazos y su extiende por su espalda completa el vestido de esta imagen mariana.


     La gama cromática usada en esta imagen nos recuerda, en la Virgen María, el dogma de su Inmaculada Concepción: la túnica cenizienta o blanco grisaceo y el azul del manto, nos recuerda los colores que se han usado para definir este dogma mariano. Se trata de una túnica que tiene pintados en ella flores y acabada en una franja dorada, mientras su manto es de un color azul oscuro, tambien franjeada por una linea dorada y con adornos de ramas doradas. Mientras, en la madre, los colores usados son el ocre, con adornos realizados en tonos más oscuros y el manoto de un azul más claro que el de la hija, peor con adornos de flores y hojas, diferenciando en los colores a la madre y a la niña.

miércoles, 19 de octubre de 2016

SANTIAGO


Imagen.- El Apóstol Santiago el Mayor.
Autor.- Guido Reni
Fecha.- 1618 - 1623
Técnica.- Óleo sobre lienzo.
Lugar donde se encuentra.- Museo Nacional del Prado de Madrid (España)

      Santiago es uno de los doce hombres que Jesús llamó para ser sus discípulos, el Evangelio nos dice que trabajaba de pescador en el Lago de Tiberiades, junto a su padre Zebedeo y su hermano Juan, además de darnos datos sobre su parentesco con el mismo Jesús. Santiago estará junto al Señor en los momentos más decisivos e importantes de su vida, será uno de los tres apóstoles que será testigo de algunos de los íntimos del Señor y con él vivirá su Transfiguración, su Agonía en el Huerto, etc. Después de Pentecostes el será el primero en dar su vida en la persecución decretada por Herodes en Jerusalén, será el primero, entre los once, en sufrir el Martirio. Esta es la historia de Santiago que nos es transmitida a través de los relatos evangélicos, pero la tradicción afirma que Santiago viaja a Hispania para predicar el Evangelio, llegando hasta Finisterra, los habitantes de la peninsula no recibirán bien sus enseñanzas y cansado, en la orilla del Ebro, en Cesaragusta, será testigo de la primera aparición de María, la Madre de Jesús, en el año 40 de nuestra era. De vuelta a Jerusalén sufrirá el martirio, su cuerpo será trasladado hasta Galicia, donde comenzará un importante culto, conviritiendo Compostela en uno de los lugares de peregrinar cristiano más importantes, después de Jerusalén y Roma.

        Guido Reni, autor de este Santiago, es un pintor nacido en Bolonia en el año 1575, discipulo de Dionisio Fiamingo Calvaert, miembro de la Academia de los Carracci. Se traslada a Roma donde concoce y estudia la pintura de Rafael y como Miguel Angel, hacía copias de escúlturas clásicas. Pero tambien conoce la pintura de Caravaggio y sus innovaciones en  el mundo de la pintura. Pronto, Guido Reni, comienza a recibir importantes encargos para la curia vaticana y para su ciudad natal, obras en las que manifiesta su carácter pictórico, sin olvidar a sus maestros, a sus obras les imprime su propio sello. Deja Roma y vuelve a su ciudad natal: Bolonia, donde permanecerá hasta su muerte en el año 1642.

       Esta obra formaba parte de la colección que Isabel de Farnesio trajo a España, cuando contrajo matrimonio con el Rey Felipe V. Se colocó en el Palacio Real de la Granja, donde estuvo hasta que fue trasladado al Oratorio del Palacio Real de Aranjuez, donde se tiene constancia de su presencia en 1794, luego sería trasladado al Palacio Real de Madrid, donde fue colocado en 1814 en el Cuarto del Infante Don Francisco, de donde sería, por última vez, trasladado al Museo del Prado de Madrid, donde permanece en la actualidad. 

       Reni nos presenta al apóstol Santiago de medio cuerpo, vestido con una túnica verde y un manto amarillo. La intención del autor, es seguir, la corriente eclesial de la época, en la que a través de la representación de los apóstoles, se quería hacer ver a los creyentes, que la única forma que tenían de llegar a Dios era a través de los santos, idea surgida desde el Concilio de Trento, idea de la Contrarreforma, frente al protestantismo que se extendía por aquellos días por Europa. 

       Santiago une sus manos a la altura del pecho, en oración, elevando sus ojos al cielo suplicantes. El autor no coloca, en esta obra, ningún símbolo que pueda identificar al Apóstol Santiago, como él. Tan sólo un bastón que descansa sobre su cuerpo, nos dice que se trata de Santiago Peregrino, recordando su vinculación con el Camino de Santiago y la ciudad de Compostela, como hemos apuntado anteriormente. En Santiago, Reni, vemos la influencia de Caravaggio y su naturalismo a la hora de tratar a los personajes: El Apóstol es un hombre normal, un hombre de la calle, sin ninguna distinción de su santidad, su rostro podría ser el rostro de cualquier hombre de su época, su religiosidad, surge de su interior, de esa mirada profunda y piadosa que eleva a los cielos, suplicante, lo que hace que cualquier persona que se acerque a observar este cuadro, sienta en su interior lo que el Apóstol está pasando en ese momento: sienta el cansancio, el desánimo y sepa como este, que del único que puede recibir la fuerza necesaria para continuar su camino es del cielo, y uniéndose a Santiago él tambien alce su alma, como él, sus ojos al cielo. 

      En este Santiago podemos apreciar otra de las característica de la pintura de Rezi y es su destreza con el dibujo. El autor define perfectamente, diferenciando cada una de las partes del Apóstol, con trazo seguro va definiendo el rostro, la barba, el cabello, en manto, la túnica, el bastón, los dedos y la mano, esto se logra gracias a la gran observación del autor del mundo que le rodea y que una vez más, decimos que lo eleva a lo máximo, a la divinidad en este caso: a la Santidad.

      Los colores usados son básicamente dos: el verde de la túnica o vestido de Santiago y el ocre, un ocre para el manto del santo y ocre dorado para el aro de santidad y el cielo que rodea al Apostol, recordándonos la santidad de este.

lunes, 17 de octubre de 2016

SANTA MARÍA MAGDALENA


Imagen.- Santa María Magdalena.
Autor.- Desconocido
Fecha.- Siglo XVI
Lugar de Culto.- Iglesia de Santa María Magdalena.
Localidad.- Avila
Material.- Madera policromada.

    En el siglo XIV, ya existía en la ciudad de Avila, una Cofradía o Hermandad que rendía culto a Santa María Magdalena, como lo atestiguan distintos documentos que podemos ver en libros de la Hermandad y otros documentos de la ciudad de esta ciudad castellana, la Hermandad era propietaria de un hospital en el que se atendía a los más necesitados, a aquellos que no tenían dinero, a los pobres, en honor del Padre Dios y de la Bienaventurada Santa María Magdalena. En el año 1405 la Hermandad actualiza sus estatutos, ya que los primitivos, se consideraraba que no estaban de acuerdo con las nuevas constumbres de la sociedad de esta época. En los primeros años del siglo XV, la Hermandad traslada su Hospital al Mercado Grande, a un edificio próximo, a la Iglesia de la Magdalena que se levantaba en esta plaza de Avila. enterrando a los miembros de la Cofradía y a los enfermos que fallecían en este Hospital en la Iglesia de la Magdalena. Sin duda este fue, uno de los primeros hospitales que tuvo la ciudad abulense. 

    En 1501, la justicia abulense condena a un hombre a muerte de horca. La Hermandad de Santa María Magdalena  pide a la justicia de la ciudad de Avila, el cuerpo del hombre para ser sepultado en su iglesia, pero esta petición les es negada. Algunos miembros de la Hermandad, recogen el cuerpo y le dan cristiana sepultura en la iglesia de San Nicolas, de la misma ciudad. Fundando estos una nueva Cofradía: la Cofradia de Ánimas del Purgatorio, que se fusionara con la de la Magdalena.

   En el año 1511, fallece en la ciudad de Avila Don Cristobal Velázquez de la Torre, dejando en su testamento todos sus bienes al Hospital de las Ánimas, dicho Hospital se encontraba lejos del centro de la ciudad, por lo que los miembros del Patronato visitan el Hospital de la Magdalena, que ya hemos dicho se encontraba en la Plaza del Mercado Grande, solicitando a la Hermandad de la Magdalena la unión de las dos Cofradías o Hermandades. Es el año 1564 cuando se redactan Nuevas Normas.

     El altar mayor de la Capilla de la Iglesia de la Magdalena de la ciudad de Avila se veneraba una imagen de la Inmaculada Concepción de María, los miembros de la Cofradía de la Magdalena, deciden el año 1511 convertir en titular suyo a María en su Inmaculada Concepción.  La fusión de las tres hermandades: la de la Magdalena, Ánimas y la Inmaculada va a dar lugar al actual Ilustre Patronato de la Purísima Concepción, Santa María Magdalena y Ánimas del Purgatorio, que tiene su sede en la Iglesia de la Magdalena, situada en la Plaza del Mercado Grande de la Ciudad de Avila.

     En la Iglesia de la Magdalena de Avila, se venera en un altar, una pequeña imagen de Santa María Magdalena, que el Ilustre Patronato eligió a la que rendir culto, durante su anual Procesión en las noches, ya madrugadas, del Martes al Miercoles Santo. Se trata de una talla de autor desconocida, realizada en el siglo XVI.

      La talla de Santa María Magdalena es una imagen de tamaño pequeño, de bulto. María Magdalena aparece de pie, en la mañana del Domingo de Resurreción, cuando según los relatos evangélicos, acude al Sepulcro del Señor con un bote de perfume, a preparar el cuerpo de Jesús, ya que su sepultura se hizo precipitadamente, por ser la víspera de la Pascua. Se trata de una mujer joven, con la cabeza inclinada, apesadumbrada, pero sin aparecer el dolor en su rostro de forma patente, diriamos que es un dolor resignado, la cabeza ligeramente inclinada hacía el lado derecho, la mirada perdida, la boca cerrada, sin muestra de dolor en ella; cubierta con un velo dorado, que deja ver su cabellera, peinada con tirabuzones,  que podría confundirse con el velo, ya que en ella el autor, como en el manto utiliza el pan de oro como color de estas partes de la figura. Un vestido de talle alto azul con dorados cubre su cuerpo. Podríamos decir que es una imagen totalmetne renacentista. En su mano izquierda porta una copa, donde guarda el perfume. Se corona con una corona, sencilla, cuyos rayos acaban en ocho estrellas. No fue concebida para ser procesionada por las calles de Avila, sino para recibir el culto de sus fieles en su Iglesia titular.


     A partir de la decada de los ochenta, del siglo XX, la ciudad de Avila comienza a recuperar su Semana Santa, se fundan nuevas Cofradías y se sacan a las calles abulenses nuevas procesiones. El Patronato de la Purísima Concepción, reunido, decide el 24 de febrero de 1993, salir a las calles de su ciudad durante la Semana Santa, realizando una procesión de gran carácter penitencial, presidido por la imagen de Santa María Magdalena que se venera en su iglesia titular, y que estamos estudiando en esta entrada. Se decide renovar con esta procesión el espíritu de Hermandad surgido entre este Patronato y el Patronato de la Vera Cruz, que puso fin a años de conflicto entre las dos hermandades.

     Una de las funciones del Patronato de las Ánimas en Ávila era asistir y dar sepultura a aquellas personas que en la ciudad eran ajusticiados por la justicia abulense. En 1543, el Patronato de la Santa Vera Cruz, decide demandar anter el tribunal eclesiástico al de las Ánimas, por que creían que ellos eran quienes debían realizar esto. El tribunal eclesiástico dice que la asistencia y entierro de los difuntos es una obra de misericorida y estas son voluntarias, por lo que el Patronato de las Ánimas podía asistir a los difuntos, pero si aquellos pedían la asistencia de la Vera Cruz, estos podían acudir a realizar este acto de Misericordia. La concordia entre las dos hermandades se mantiene hasta el año 1713, cuando la Vera Cruz se siente marginada, los dos patronatos se reunen el día 25 de junio de ese año y deciden en el Monasterio de San Francisco que los miembros de la Vera Cruz asista a los ajusticiados antes de morir, y el de las Ánimas se haga cargo de su entierro. Esta concordia se mantiene hasta nuestros días.

       Por eso se decide que en la noche del Martes al Miercoles Santo, la Cofradía saldrá a las Calles de Avila y se encaminará al Humilladero de la Santa Vera Cruz, donde se venera la imagen del Santísimo Cristo de los Ajusticiados, portando la imagen, anteriormente aludida de Santa María Magdalena. La primera salida procesional de la nueva Cofradía saldría el martes santo de ese mismo año, 1.993.



       En la medianoche del Martes Santo, cuando el Miercoles Santo comienza su andadura, las puertas de la iglesia de Santa María Magdalena de la ciudad de Avila, en la Plaza del Mercado Grande se abre, el silencio se apodera de esta bulliciosa plaza, lentamente comienzan a desfilar por las calles de la ciudad, por su "Castillo interior", penitentes, muchos descalzos arrastrando pesadas cadenas, otros sitiendo en sus píes el frio de esta ciudad castellana; acompañando todos una imagen: pequeña, la de aquella mujer que fue fiel a Jesús hasta la Cruz y el Sepulcro, la primera que gozo a su Señor resucitado: María Magdalena. Buscando todos la Ermita del Humilladero, que a esas horas, en San Vicente se ha abierto, un coro a la puerta, espera la llegada de la procesión. Un pasillo se abre ante la ermita, un pasillo de túnicas blancas, capirotes negros y cíngulos blancos, la imagen de la Magdalena camina lentamente, se detiene y comienza el canto, el canto del Miserere, un canto de perdón y paz, que en esta noche abulense, en esta noche de Semana Santa, en esta noche de Pasión, vuelve a firmar la paz entre dos Patronatos, entre dos Cofradías, las más antiguas de la ciudad de Avila.

viernes, 30 de septiembre de 2016

SAN JERONIMO PENITENTE. TORRIGIANO


Imagen.- San Jerónimo Penitente
Autor.- Pietro Torrigiano.
Fecha.- Hacía 1525
Técnica.- Barro cocido y policromado.
Lugar donde se encuentra.- Museo de Bellas Artes de Sevilla (España)


      La ciudad de Sevilla tiene la suerte de contar entre sus obras, una obra de un autor renacentista italiano: Pietro Torrigiano, coetaneo del gran Miguel Ángel, con quien coincide en el Jardín de los Medicis en la ciudad de Florencia. Pronto la enemistad entre los dos escultores se hace manifiesta, hasta el punto que Torrigiano rompe el tábique nasal de Buonorrotti, de un puñetazo. Torrigiano, tras pasar por Roma, Amberes, Inglaterra, Granada se instala en la ciudad de Sevilla en el año 1522, donde va a vivir hasta su muerte.

      En el año 1413, llega a la ciudad de Sevilla, Diego de Sevilla, fraile de la orden de los jerónimos, religioso del Monasterio de Nuestra Señora de Guadalupe. Estando en la ciudad hispalense comunica a su padre, Don Nicolás Martínez de Medina, su intención de fundar un convento de su orden en su ciudad natal, para sí, no tener que volver al de Guadalupe, el padre acepta el deseo de su hijo y pone manos a la obra para la fundación. El Monasterio se va a levantar en las tierras que poseer don Juan Esteban, muy próximas a la Puerta de la Macarena, de donde saldrá el 14 de enero del año una solemne procesión con la que se dará por erigido dicho cenobio, en 1426, el monasterio pasa a ser de la Orden de los Jeronimos. Su interior fue enriquecido por obras de grandes escultores y pintores, que con la decadencia del convento desde el inicio de la Guerra de la Independencia de 1808, fueron dispersadas por distintos museos e iglesias.

    Un siglo después de la fundación del Monasterio de los Jeronimos de Sevilla, la comunidad religiosa, siguiendo los gustos de la época, deciden embellecer su hogar con una nueva imagen del Patron del Monasterio, San Jerónimo, buscan entre los escultores sevillanos y andaluces del momento, decidiendo, siguiendo la fama de alguna de las obras que había realizado durante su estancia en la ciudad de Granada por Pietro Torrigiano. A quien encargan una imagen de San Jerónimo haciendo penitencia, uno de los pasos de la vida del santo que más atraía a sus devotos y a sus hijos de religión.

      Los materiales usados por los escultores para hacer sus obras han sido desde siempre: el marmol, la piedra o la madera, pero tambien se hicieron algunas obras en barro cocido. En el siglo XV, los escúltores sevillanos comenzaron a ejecutar algunas de sus obras en este material, que se pone de moda en esta zona de España. Pietro Torrigiano al llegar a Andalucia comienza a hacer algunas de sus obras en este material, siendo una de ellas este San Jerónimo Penitente.

       Siguiendo la tradicción, Torrigiano representa a San Jerónimo como un hombre maduro, casi un anciano, genuflexionado, la rodilla izquierda apoyada en la tierra, mientras dobla la derecha y apoya este pie, sosteniendo en su mano derecha una piedra, con la que va a martirizar su pecho y en la izquierda una Cruz, a la que mira piadosamente ofreciendo su dolor. Desnudo su torso, cubriendo un paño de pureza la parte inferior de sus cuerpo, mostrando su muslo izquierdo y su tobillo derecho. La fuerza de la imagen, sin duda, esta en el rostro, un rostro ascético, consumido por la penitencia, cubierto por largas barbas, su mirada dirigida a la Cruz es a la vez simbolo de piedad y dolor por los pecados cometidos. San Jeronimo nos presenta un estudio perfecto de la anatonimia del hombre anciano, la torsión de los musculos del torso, unos pectorales perfectamente marcados, como los musculos de las piernaso de los brazos. Sin duda, se puede afirmar que con esta obra, el autor italiano fija en el mundo del arte la iconografía de este santo penitente. En ella el autor y los monjes del Monasterio querían hacer ver a los fieles, que la única forma de acercarse un alma pecadora a Dios es el camino de la penitencia, camino que fortalece el espíritu frente a las tentaciones, frente a las seduciones del mundo.

       Esta obra influye en el barroco sevillano, especialmente en Montañes, incluso en la pintura de Goya, que siguiendo la fama de la escultura llega al Monasterio de los Jeronimos para contemplarla. 

sábado, 12 de marzo de 2016

SAN JOSÉ


Imagen,. San José.
Autor.- Atribuida a Diego de Mora.
Fecha.- Hacia 1.720.
Lugar de Culto.- Iglesia de Santo Domingo de Lucena (Cordoba)

      Una de las propagadoras de la devoción a San José, del que apenas tenemos datos biográficos, más que los que nos son transmitidos por los Evangelios Canónicos, especialmente por Mateo y Lucas, y sobre el que nos dan mas datos los Evangelios apócrifos; fue, sin duda, Santa Teresa de Jesús, devoción que transmite a las monjas carmelitas que ella funda y que logran mantener hasta nuestros días. Esta devoción se habría perdido en muchas lugares, sino hubiera sido por ellas, como en la ciudad de Lucena en Cordoba, donde a lo largo de la historia y sus vaivenes, la devoción josefina estuvo, a punto, de desaparecer.

       Uno de los datos, que nos transmiten los evanlios apócrifos es el oficio de José, según estos José tenía un taller de Carpinteria en la ciudad de Nazaret, era artesano. Esto hizo que San José se convirtiera en el Patron de los Carpinteros y de los Artesanos. En la segunda mitad del siglo XVIII el popular gremio de los Carpinteros de la ciudad de Lucena fundan una Cofradía o Hermandad, para tal y como nos transmiten sus estatutos originales: "rendir culto a Nuestro Señor San José". La sede canónica de esta Hermandad estaría en la Ermita de Nuestra Señor de la O de esta localidad. La Hermandad contaba con altar propio y organizaba a lo largo del año cultos en honor del Carpintero de Nazareth. Esta cofradía tuvo gran pujanza, que comienza a declinar en el último tercio del Siglo XIX, que hará desaparecer a la Hermandad y a la ermita donde tenía su sede canónica y la imagen de San José. Pero la devoción no se pierde, una vez más las Madres Carmelitas Desclazas, siguiendo el ejemplo que apuntaba al comienzo de esta entrada; mantienen viva la devoción josefina. En la segunda mitad del siglo XX, la Hermandad se reorganiza en la Iglesia de Santo Domingo, eligiendo como titular una imagen de San José que se veneraba en la Iglesia de SAn Francisco de Padua de Lucena. La imagen es trasladada a la Iglesia de Santo Domingo y allí tiene altar, donde hoy se le rinde culto por su Cofradía titular.

     Sin duda, una de las tallas más importantes de la ciudad de Lucena, es la imagen de San José que se venera en la Iglesia de Santo Domingo y que, como hemos dicho anteriormente, es el titular de la Hermandad de los Carpinteros y Artesanos de esta localidad cordobesa. Nos encontramos ante una talla josefina mayor que el natural. Esculpido y policromado en madera. San José aparece de píe, con el Niño Jesús sobre sus manos, en actitud, claramente de presentación, José ofrece al Niño Jesús, a los devotos. Aparece con un pierna adelantada, como si quisiera con este gesto acercar el Ñiño al devoto que se postra ante él en oración. La cabeza ligeramente ladeada hacía la derecha y caída. Nos presenta un San José joven, lejos de la tradición josefina, que siguiendo el evangelio apócrifo, nos presentaba un San José maduro, o en muchos casos un hombre anciano. Aquí San José es un hombre joven, bello, con largos cabellos, que caen sobre sus hombros y la barba poblada, un rostro lleno de dulzura, El Niño, es una talla completa, que descansa sobre las manos de san José, quien además de ofrecerle, se convierte en Sede del mismo. El Niño mira al frente, en actitud de bendición con su mano derecha, mientras con la izquierda parece que sostenía algo, que con el paso del tiempo, desgraciadamente se ha perdido. Siguiendo la tradición barroca aparece vestido.

       El escultor viste a San José con una túnica de color verde, con adornos de flores y los bordes del cuello, mangas y bajo de la túnica dorados, al igual que algunas partes de la misma aparecen con este tono dorado. Los pliegues de la túnica son muy pequeños, casi no se percibe el movimiento del paso del Santo, como ocurre con otras imágenes barrocas. Movimiento que si tiene el manto que envuelve al santo, de color rojo y al igual que la túnica ornado con decoración fitomórfica en oro. El manto tiene un gran vuelo que se recoge en la cintura, sirviendo en las manos que sostienen al Niño, como asiento del mismo.

      A los píes de la imagen descansan dos angelitos, niños; portando en sus manos los símbolos carpinteros del Santo: una sierra y un martillo, herramientas asociadas desde antiguo a los carpinteros, y que nos recuerdan el oficio de San José.

domingo, 29 de noviembre de 2015

SAN FRANCISCO DE BORJA DE NICOLAS DE BUSSY


Imagen.- San Francisco de Borja,
Autor.- Nicolas de Bussy.
Técnica.- Esculura de madera Policromada.
Fecha.- Hacía 1.695
Lugar.- Museo de Bellas Artes de la ciudad de Murcia.

      Francisco de Borja era miembro de una de las familias más importantes del Reino de Aragon, que dio a la Iglesia dos papas. Alejandro VI, compra para uno de sus hijos el Ducado de Gandía. Una descendiente del tercer duque de Gandía se casa con un hijo natural del Rey Fernando VI de Aragon, el Rey Católico, del matrimonio nacerá Francisco. Miembro de la Corte del Rey Carlos I, Casado y con ocho hijos, Francisco ocupa diversos cargos en la Corte castellana. A la muerte de su padre, recibe el Ducado de Gandía. Francisco es un hombre muy religioso, que dedica las horas que su vida en la corte, le dejan libres a la oración. Encargado de llevar los restos de la Reina Isabel de Portugal a Granada, es en este momento cuando Francisco recibe una fuerte llamada a la vida religiosa, ante los restos de la Reina, descompuestos por el calor y el camino. Francisco afirma que no volverá a servir a señor que pudiera morir. Entra a formar parte de los jesuitas. Una de las características de San Francisco de Borja, es sin duda, su busqueda de la humildad alejándose constantemente de las glorias de este mundo.

      Nicolás de Bussy es un escultor de origen aleman que llega a España en el año 1.662, formando parte del taller de Tomás Sanchis en Valencia. Escultor de la Casa Real Española, realizo obras para multitud de localidades de las provincias de Valenica, Alicante y Murcia, profundamente religioso y con gran espiritualidad, que le sirvió de inspiración para su obra. Es considerado como uno de los padres o introductores del Barroco en Murcia. En su obra se aprecia su influencia italiana, especialmente desde su paso por la corte Real, donde pudo estudiar las esculturas italianas de la Casa Real Española. Al mismo tiempo encontramos influencia italiana en sus obras, en especial en la gran expresividad con la que dota el escultor a las manos de sus obras.

           Nicolas Bussy recibió la ejecución de una imagen de San Francisco de Borja para la iglesia de San Juan de Dios de la ciudad de Murcia en los últimos años del siglo XVII. Que concluye en torno al año 1.695 y que en la actualidad podemos contemplar en el Museo de las Bellas artes de Murcia.

       Nos encontramos ante una talla de madera policromada, de un tamaño menor al natural. Representa a San Francisco de Borja, de pie, con una calavera coronada en su mano izquierda, que observa con sorpresa y dolor, recordando la escena de la conversión del Santo, al contemplar el cadáver de la Reina Isabel, a su llegada a la Catedral de Granada.

         San Francisco de Borja tiene la cabeza ladeada hacía el lado izquierdo de su cuerpo, donde se encuentra con la calavera, en la cabeza encontramos alguno de los rasgos característicos de la obra de Nicolas de Bussy, en su frete abultada, En el rostro el escultor logra encontrar y mostrar toda la vida interior del Santo, la sorpresa ante la descomposición del Cuerpo, que se manifiesta en la boca abierta, en la que podemos contemplar no sólo los dientes superiores, sino también su lengua y en los ojos abiertos abiertos, excesivamente abiertos que reflejan toda la incredulidad del paso rápido de la vida para el hombre, reproduciendo en esa mirada, algo propio del misticisimo español, la fugacidad de la vida humana y la eternidad de la vida junto a Jesús. Sin duda, y a pesar de que San Franicsco no es presentado como un noble, sino como un sacerdote de la Orden de los Jesuitas, está pensando aquello que dejabamos escrito al inicio de esta entrada y que pronunció el Santo.: "No volveré a servir a ningún Señor que se me pueda morir".

        Otra de las características de Bussy la encontramos en las manos de San Francisco de Borja, donde nos encontramos un fino modelaje de la mano, de sus dedos, talladas al detalle, lo que podemos comprobar en la ejecución de las uñas, perfectamente realizadas.

          San Francisco viste el hábito negro de los jesuitas, el autor dota a este de amplios volúmenes, pero con unos pliegues naturales, que dan a la imagen gran naturalidad. 
     
          El autor policroma su figura con tonos oscuros en el vestido y cetrino en las partes carnosas de la imagen, lo que ayuda a aumentar el dramatismo de esta escultura, que sin duda, es una de las mejores del barroco español y una de las más desconocidas del mismo.